Tu avance, respaldado con un código
Hasta ahora, en los cuatro juegos del estudio tu avance vivía sólo en tu teléfono. Era una decisión a propósito: si no guardamos nada, no hay nada que cuidar. Pero tenía un costo claro: cambias de teléfono, o reinstalas el juego, y empiezas de cero. Los faros de Lumbre, la última luz, las misiones de El Aprendiz de Almar, el huerto de La Botica de Almar, las monedas de Rail Critters: todo se quedaba atrás.
Esta semana lo resolvimos una sola vez, para los cuatro: con sus nuevas versiones puedes respaldar tu avance con un código y recuperarlo en otro teléfono. Esta entrada cuenta cómo funciona y, sobre todo, qué hicimos para que respaldar tu partida no signifique entregarnos tus datos.
Tu avance, con un código
El respaldo está apagado hasta que tú lo prendes. Al prenderlo, el juego te da un código de doce letras y números, como 7K3M-Q9TD-2XRB. Desde ahí, tu avance se guarda solo cada cierto tiempo, sin que tengas que acordarte. En el teléfono nuevo instalas el juego, tocas Recuperar con un código, lo escribes y sigues donde ibas.
Dónde está en cada juego (por ahora, en Android):
- Lumbre, la última luz: Opciones › Respaldo del avance.
- Rail Critters: Ayuda › Respaldo.
- El Aprendiz de Almar: Opciones › Respaldo.
- La Botica de Almar: Opciones › Respaldo de la partida.
Lo que compraste para siempre (un personaje, un aspecto, el viaje completo) ni siquiera necesita el respaldo: es de tu cuenta de Google y vuelve solo en cualquier teléfono con la misma cuenta.
Sin cuentas ni correos
La manera fácil de hacer esto es pedirte una cuenta: un correo y una contraseña. No quisimos. Los cuatro juegos se juegan sin registrarte, y La Botica de Almar la juegan niñas y niños, así que el respaldo tenía que funcionar igual de bien sin saber quién eres.
Por eso el juego inventa, al instalarse, un identificador al azar que no lleva tu nombre, tu correo ni tu cuenta. El respaldo se guarda con ese identificador y el código. Y ni siquiera el código queda guardado tal cual: guardamos una huella de él, así que con sólo ver nuestros registros nadie podría recuperar tu partida. Si eliges Borrar el respaldo, se borra; si nadie lo toca en dos años, también.
El mismo servicio cuida las compras. Cuando compras algo, le pregunta a Google si la compra es real, te la entrega una sola vez y la quita si te la reembolsan; lo que es para siempre, te lo regresa si reinstalas. Y una regla que nos pusimos desde el principio: si un día nuestro servicio no contesta, lo que pagaste te llega igual. Una falla nuestra nunca te debe costar tu compra.
El aviso, antes de prender
Nada de esto se prendió hasta que los avisos de privacidad de los cuatro juegos lo explicaran, en español y en inglés: qué se guarda, para qué, cuánto tiempo y cómo se borra. Cada aviso tiene ahora una sección «Servicio de juegos», y el soporte de cada juego explica cómo recuperar tu avance o borrarlo, aunque ya no tengas el teléfono: nos escribes con tu código y lo borramos.
Antes de mandarlo, cada juego pasó por una revisión de privacidad que compara lo que hace con lo que dice. En uno de ellos encontró que el aviso prometía de más (hablaba de logros que el juego todavía no tiene) y lo corregimos el mismo día. Preferimos que el aviso se quede corto en promesas a que se pase.
Hecho una vez, otra vez
Es la misma idea de Hecho una vez, para los tres juegos y de Tres juegos, un solo motor de sonido: un solo servicio para los cuatro juegos, que se mejora una vez y el arreglo llega a todos. De paso, lo mejor del arte nuevo de Lumbre (el halo suave en lo que brilla y las sombras que se desvanecen en el suelo) también pasó a la pieza de gráficos que comparten los juegos. Lo cuenta Lumbre, la última luz ahora tiene historia.
Cuándo llega
Las versiones con el respaldo de los cuatro juegos ya están en Google Play, en su prueba cerrada, y llegan a cada teléfono conforme Google las revisa y el juego se actualiza. Cuando la tuya llegue, prenderlo es un toque. Por ahora es sólo en Android; en iPhone llegará cuando los juegos salgan ahí.
Lo que aprendimos: guardar los datos de alguien es una responsabilidad, no un detalle técnico. Escribir primero el aviso, en palabras sencillas, nos obligó a guardar menos: si algo no se podía explicar en una línea, era señal de que no hacía falta.