La botica se prepara para Google Play
La Botica de Almar ya se juega de principio a fin, así que llegó el momento que más nervios da: que la juegue gente de fuera del estudio. Antes de subirla a Google Play para su prueba cerrada hicimos tres cosas que no se ven en un tráiler, pero que se notan al jugar: le pusimos un probador que nunca se cansa, la hicimos llenar la pantalla de los teléfonos de hoy y cuidamos los datos que manda, porque esta botica también la van a jugar niñas y niños.
Un probador que juega solo
Cada vez que cambiábamos algo, alguien tenía que abrir el juego en el teléfono y recorrerlo para ver que nada se hubiera roto. Ahora lo hace un probador automático: nueve recorridos que abren la botica, juegan el primer día, preparan un jarabe en el alambique, cosechan el huerto, regatean con Madre Sauce, compran en la tienda de práctica, ven un anuncio de práctica y llegan hasta el final del mes. Para no tener que jugar treinta días cada vez, el juego trae partidas preparadas: «la tarde con el estante lleno», «la noche con dinero», «el último día»…
En la primera vuelta encontró cosas que se nos habían escapado. «Restaurar compras» no decía nada cuando no había nada que restaurar, y parecía que el botón no funcionaba: ahora dice «Buscando tus compras…» y luego qué encontró. Los avisos que salían con el huerto o la carreta abiertos quedaban escondidos detrás de esas pantallas: ahora siempre van encima. Y la racha del primer día decía «Racha de 1 días»: ahora dice «Primer día visitando la botica».
El mismo probador es el que tomó las capturas de la ficha de Google Play. Cada escena se arma igual cada vez, así que cuando algo cambia en el juego, las capturas se rehacen solas.
Una botica de lado a lado
La botica se dibujó para una pantalla de 16:9, pero casi todos los teléfonos de hoy son más alargados. El juego enseñaba la botica entera de arriba abajo y a los lados quedaban dos franjas azul oscuro, como si faltara algo. Ahora la pared de tablas y el piso siguen a los dos lados, con las mismas juntas hacia el fondo, hasta en los teléfonos más largos. Nada del juego pasa ahí: es pura botica.
De paso arreglamos un detalle chico que se veía en todos lados: en el huerto, «Menta silvestre» no cabía en su ficha y salía «Menta silve…». Ahora dice «Menta». El arte sigue siendo de Romina López.
Datos cuidados, porque la juegan niñas y niños
Para mejorar el juego necesitamos saber dos cosas: si se traba en algún teléfono y dónde se atora la gente (¿llegan al día diez?, ¿qué poción sale mal más seguido?). Por eso la versión de Google Play nos manda información de fallas y de cómo se juega. Como la botica es para todo público, incluidos menores de 13 años, la configuramos como si todos los jugadores fueran niñas o niños:
- No pide nombre, correo, cuenta ni edad, y no usa el identificador de publicidad del teléfono.
- Nada de lo que manda se usa para publicidad ni para hacer un perfil de nadie; los anuncios opcionales son no personalizados y aptos para todo público.
- De la ubicación sólo llega el país o la región, nunca la ubicación precisa.
- Los datos de uso se borran solos a los dos meses y los de fallas a los 90 días.
Todo está escrito en el aviso de privacidad, que también se abre desde el juego: en Opciones y, hasta tu primera partida, en una línea del menú de inicio.
Lo que sigue
La botica entra a una prueba cerrada en Google Play: un grupo de al menos doce personas la juega durante catorce días antes de que pueda salir para todos. Con lo que veamos ahí ajustaremos el ritmo del mes. Todavía no tiene fecha de salida; será primero en Google Play y sólo en México.
Lo que aprendimos: lo más útil antes de salir no fue agregar cosas, fue mirar con otros ojos. Un probador que no se cansa encontró lo que nosotros ya no veíamos, un teléfono más alargado nos enseñó un hueco que el diseño no tenía, y pensar en quién va a jugar cambió qué datos pedimos.